Esta verdura representa mi tierra, La Rioja, pues todos los platos a la riojana llevan este riquísimo ingrediente. Si juntas en una olla, los tres colores del pimiento: rojo, amarillo y verde, lo añades al blanco de la cebolla y del ajo, al cocinarlos todos juntos y picados, aparecen todos los colores de la bandera de La Rioja, un espectáculo para los ojos, la nariz y sobre todo para el paladar, que te llena el cuerpo y el alma de vitaminas, minerales y con muy pocas grasas y calorías.
El pimiento es el complemento para todos los menús, no puede faltar en ningún sofrito, en ningún potaje, en ningún plato combinado, en ningún gazpacho, se pueden consumir, en crudo, asados, salteados, secos, en polvo, enteros, en tiras, triturados, rayados, picados, rellenos, incluso se puede añadir en los postres, con mermelada de pimientos.
Hay infinidad de pimientos, siendo los najeranos, los de piquillo y los de cristal, mi debilidad.
A parte están sus hermanas picantes las guindillas, desde las bobas (que no pican), pasando por las del padrón (unas pican y otras no), hasta llegar a mis favoritas: las alegrías riojanas.
Las alegrías riojanas, es la trampa para cualquier forastero incauto, porque quien las prueba por primera vez, se convierte automáticamente en un "Picachu", lo único que te va a decir es "pica, pica."
Si no te gusta este alimento, vete a freír pimientos.
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