El nombre del título, viene de los dos modelos que he tenido desde que me saqué el permiso de conducir, hasta la actualidad.
Mi primer coche un Opel Corsa ECO de segunda mano, de gasolina con 52 CV, sin aire acondicionado, mejor dicho, con aire a condición de bajar las ventanillas delanteras, (porque al ser de 3 puertas, no tenía elevalunas traseros). Sin dirección asistida, más bien, con dirección resistida, especialmente al aparcar. Al menos tenía frenos ABS, y con la radio con casete, todo un lujo para mí en esa época. Por la música que ponía un colega lo bautizó con el nombre "Happy days whit the Corsas" (días felices con el Corsa). Con el paso del tiempo se le cayeron algunas letras y se perdió la C, y pasó a ser el Opel Rosa.
Fue mi compañero, que me llevaba me traía y me volvía sano y salvo, primero al instituto, algunas fiestas, tal vez a muchas fiestas, pero nunca fueron demasiadas fiestas. Más tarde al trabajo, que por suerte lo tenía a 5 Km de casa, es a todas luces, un coche ideal para un chico de 18 años que acababa de sacarse el carné de conducir, en el cual casi ninguna aseguradora, daba el perfil para ser cliente de su empresa, y la única que me aseguró, tuve que pagar más por el primer año de contrato, que por el vehículo. Te aseguro, que mis esfuerzos en los trabajos de los veranos que tenía siendo estudiante, se lo llevó el seguro de auto.
Con aquel coche pasé unas 8 ITVs, que con cada pegatina nueva, era un fallo leve en el expediente, un achaque para el cada vez más maltrecho coche, que si la pintura carcomida, una bisagra de la puerta del piloto oxidada, más tarde le entraba temblores si el coche estaba parado, era tan exagerado, que te temblaba la voz cuando estabas en un Stop o parado en un semáforo en rojo. Durante esas 9 años le cambié la batería, tal vez dos veces y varias partes del tubo de escape, por estadística es la avería más registrada en ese modelo.
La curiosidad que me unía tanto a ese vehículo, no era su matrícula, que no me gustaba nada, eran mis 4 últimos números de mi DNI pero de forma desordenada, lo que me hacía confundir ambos datos. Tampoco ese color verdosamente amarillo, o amarillento verdoso, tan jodidamente llamativo para los agentes de tráfico y a la vez tan flipantemente auténtico que solo lo he vuelto a ver en otro modelo.
Lo que más ilusión me hacía de ese coche, es que se fabricó en la planta de Figueruelas, a menos de 100 km de donde vivo, además estuve de excursión en esa misma fábrica, cuando estudiaba grado medio de montaje electromecánico. Además, según la documentación de ese coche salió de la fábrica un 14/6/1994. El día que cumplí mi noveno cumpleaños. Justamente ese coche lo conduje durante 9 años.
La oportunidad perfecta para cambiarlo fue con el plan PIVE que estaba vigente por aquel maravilloso 2013. Después de 19 años de servicios, con las ruedas bastante desgastadas, los frenos en las últimas, y me esperaba una factura de revisión de mantenimiento de los 20 años, que iba a ser un "rosario" de averías actuales y futuras por reparar y pagar. Así que, fue el momento de jubilar a mi primer compañero de cuatro ruedas.
Por aquel momento me encantaba el Kia Picanto, aunque era un coche un poco más pequeño que el vehículo que por ese tiempo tenía, lo podía pedir en el mismo color tan flipantemente auténtico como aquel Corsa del 1994. Así que fui al concesionario de Calahorra, y nada más ver el escaparate, me enamoré de su hermano mayor: el "Kia Rio". Un poco más grande que el Picanto y ligeramente más espacioso que mi Opel. Esta vez con 5 puertas, con aire acondicionado, con ABS y los 4 frenos de disco, con 5 estrellas Euro NCAP. Con iluminación en los asientos delanteros y traseros, con CD, USB y manos libres para el móvil. Sin pantalla táctil, la cual ni la quiero, ni la necesito. A parte de estar absolutamente completo, es bonito por todos los lados, la delantera imponente, con luces diurnas, con anti nieblas, el interior, casi idéntico al Alfa Romeo Guilleta, elegancia por todos los costados. Aunque el primer Rio que intenté comprar era rojo. Por avatares del destino, fue blanco. Personalmente solo me verás vestido de blanco en fiestas de las localidades cercanas y cuando vaya a animar al Alfaro o al Sevilla. Pero reconozco que un coche el color más económico tanto de compra, como para reparar, cosa que en la ropa, para mi es el color que más dolores de cabeza me da.
La tercera generación Kia Río ha ganado más de 10 premios internacionales entre 2011 y 2013 por su seguridad, diseño, calidad-precio y satisfacción del comprador. No había duda que era el coche que quería, que necesitaba y que obviamente, compré.
Los años han pasado y la razón me ha dado, fue el coche ideal, sobre todo porque en el maletero con los asientos plegados cabe la silla de ruedas que tuvo mi madre en sus últimos años de vida, si hubiera adquirido un Picanto u otro coche mínimamente más pequeño hubiera sido una ruina de compra.
Después de 13 años "navegando" sobre el Kia Río, su resultado ha sido más que satisfactorio, he tenido que cambiar la batería original después de unos 8 años, tiempo más que razonable, pasaron algunos pequeños fallos en una luz antiniebla trasera, o en el control de velocidad (qué gran invento para los viajes en autovía), los cuales los ha pagado la garantía de 7 años. La última penuria la pasé en la ITV, me tiraron por malos humos, después de echar diferentes aditivos al depósito del combustible, como el antihumos, o el limpiador de bugías y de intentar descarbonizar el toda la salida de gases. Al final a cambiar el catalizador y el filtro antipartículas, menos mal que tiene un motor de gasolina. Lo más molesto de todo es que con ambos elementos defectuoso, el coche funciona de maravilla. Con el Rio, llevo aproximadamente la misma distancia recorrido que con el Corsa desde que lo llevó la primera propietaria. Así que resumiendo ha sido dos adquisiciones ideales para varios momentos de vida muy diferentes.
La pena del Rio, es que Kia en 2017 lanzó al mercado el maldito Stonic, con el mismo motor y las mismas prestaciones que el Kia Rio, pero en versión que parece un todoterreno sin serlo, innecesariamente más pesado, más feo y muchísimo más caro. Consecuencia, en el 2023, justo el año que fallece mi madre, dejan de comercializar el Kia Rio. Algo parecido le pasó al Ford Fiesta, contra el Ford Puma. Rio y Fiesta, dos coches tan fiables, cómodos e icónicos, tirados al vertedero por absurdas modas.
Así gira este mundo, seguiré por la Rio-ja, como un Corsa-Rio, sorteando Rosa-Rios de aventuras.